La araucana segunda parte: 020

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CANTO XVII
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La araucana segunda parte


Así vemos que el bárbaro Senado
por saber la intención del enemigo
al cauto Millalauco había enviado
debajo de figura y voz de amigo,
que con semblante y ánimo doblado,
mostrándose cortés, como atrás digo,
el rostro a todas partes revolviendo,
alzó recio la voz, así diciendo:

«Dichoso capitán y compañía,
a quien por bien de paz soy enviado
del araucano Estado y señoría,
con voz y autoridad del gran Senado.
No penséis que el temor y cobardía
jamás nos haya a término llegado
de usar, necesitados de remedio,
de algún partido infame y torpe medio;

pues notorio os será lo que se estiende
el nombre grande y crédito araucano,
que los estraños términos defiende
y asegura debajo de su mano,
y también de vosotros ya se entiende
que, movidos de celo y fin cristiano,
con gran moderación y diciplina
venís a derramar vuestra dotrina.

Siendo, pues, esto así, como la muestra
que habéis dado hasta aquí lo verifica,
y la buena opinión y fama vuestra
con claras y altas voces lo publica,
yo os vengo a segurar de parte nuestra,
y así a todos por mí se os certifica
que la ofrecida paz tan deseada
será por los caciques acetada.

Que el ínclito Senado, habiendo oído
de vuestra parte algunas relaciones
con sabio acuerdo y parecer, movido
por legítimas causas y razones,
quiere acetar la paz, quiere partido
de lícitas y honestas condiciones,
para que no padezca tanta gente
del pueblo simple y género inocente.


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