La araucana segunda parte: 022

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CANTO XVII
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La araucana segunda parte


Hizo luego sacar a dos sirvientes,
por más confirmación, algunos dones,
ropas de mil colores diferentes,
jotas, llautos, chaquiras y listones,
insignias y vestidos competentes
a nobles capitanes y varones,
siendo de Millalauco recebido
con palabras y término cumplido.

Así que, con semblante y aparencia
de amigo agradecido y obligado,
pidiendo al despedir grata licencia,
a la barca volvió que había dejado,
y con la acostumbrada diligencia
al tramontar del sol llegó al Estado,
do recebido fue con alegría
de toda aquella noble compañía.

Visto el despacho y la ocasión presente,
los caciques la junta dividieron,
y dando muestra de esparcir la gente
a sus casas de paz se retrujeron,
adonde sin rumor, secretamente,
las engañosas armas previnieron,
moviendo del común las voluntades,
aparejadas siempre a novedades.

Nosotros, no sin causa sospechosos,
allí más de dos meses estuvimos,
y a las lluvias y vientos rigurosos
del implacable invierno resistimos;
mas pasado este tiempo, deseosos
de saber su intención, nos resolvimos
en dejar el isleño alojamiento,
haciendo en tierra firme nuestro asiento.

Ciento y treinta mancebos florecientes
fueron en nuestro campo apercebidos:
hombres trabajadores y valientes
entre los más robustos escogidos,
de armas y de instrumentos convenientes
secreta y sordamente prevenidos;
yo con ellos también, que vez ninguna
dejé de dar un tiento a la fortuna,


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