La araucana segunda parte: 024

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CANTO XVII
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La araucana segunda parte


No con tanto hervor la tiria gente
en la labor de la ciudad famosa,
solícita, oficiosa y diligente
andaba en todas partes presurosa;
ni César levantó tan de repente
en Dirrachio la cerca milagrosa
con que cercó el ejército esparcido
del enemigo yerno inadvertido,

cuanto fue de nosotros coronada
de una gruesa muralla la montaña,
de fondo y ancho foso rodeada,
con ocho gruesas piezas de campaña,
siendo a vista de Arauco levantada
bandera por Felipe, Rey de España,
tomando posesión de aquel Estado
con los demás del padre renunciado.

Túvose por un caso nunca oído
de tanto atrevimiento y osadía,
entre la gente plática tenido
más por temeridad que valentía,
que en el soberbio Estado así temido
los ciento y treinta en poco más de un día
pudiésemos salir con una cosa
tanto cuanto difícil peligrosa.

Nuestra gente del todo recogida,
la cual luego segura al fuerte vino,
que el alto sitio y pólvora temida
hizo fácil y llano aquel camino,
por las anchas cortinas repartida
según y por el orden que convino;
nos pusimos allí todos a una
debajo del amparo de fortuna.

La pregonera Fama, ya volando
por el distrito y término araucano,
iba de lengua en lengua acrecentando
el abreviado ejército cristiano,
la gente popular amedrentando
con un hueco rumor y estruendo vano,
que lo incierto a las veces certifica,
y lo cierto, si es mal, lo multiplica.


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