La araucana segunda parte: 026

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CANTO XVII
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La araucana segunda parte


En el silencio de la noche escura,
en medio del reposo de la gente,
queriendo proseguir en mi escritura
me sobrevino un súbito acidente,
cortóme un hielo cada coyuntura,
turbóseme la vista de repente,
y procurando de esforzarme en vano,
se me cayó la pluma de la mano.

Quisiérame quejar, mas fue imposible,
del acidente súbito impedido,
que el agudo dolor y mal sensible
me privó del esfuerzo y del sentido.
Pero pasado el término terrible,
y en mi primero ser restituido,
del tormento quedé de tal manera
cual si de larga enfermedad saliera.

Luego que con sospiros trabajados
desfogando las ansias aflojaron,
mis descaídos ojos agravados
del gran quebrantamiento se cerraron;
así los lasos miembros relajados
al agradable sueño se entregaron,
quedando por entonces el sentido
en la más noble parte recogido.

No bien al dulce sueño y al reposo
dejado el quebrantado cuerpo había,
cuando oyendo un estruendo sonoroso
que estremecer la tierra parecía,
con gesto altivo y término furioso
delante una mujer se me ponía,
que luego vi en su talle y gran persona
ser la robusta y áspera Belona.

Vestida de los pies a la cintura,
de la cintura a la cabeza armada
de una escamosa y lúcida armadura,
su escudo al brazo, al lado la ancha espada,
blandiendo en la derecha la asta dura,
de las horribles Furias rodeada,
el rostro airado, la color teñida,
toda de fuego bélico encendida,


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