La araucana segunda parte: 028

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CANTO XVII
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La araucana segunda parte


Allí las claras fuentes murmurando
el deleitoso asiento atravesaban,
y los templados vientos respirando
la verde yerba y flores alegraban;
pues los pintados pájaros volando
por los copados árboles cruzaban,
formando con su canto y melodía
una acorde y dulcísima armonía.

Por mil partes en corros derramadas
vi gran copia de ninfas muy hermosas,
unas en varios juegos ocupadas,
otras cogiendo flores olorosas;
otras suavemente y acordadas,
cantaban dulces letras amorosas,
con cítaras y liras en las manos
diestros sátiros, faunos y silvanos.

Era el fresco lugar aparejado
a todo pasatiempo y ejercicio.
Quién sigue ya de aquél, ya deste lado
de la casta Diana el duro oficio:
ora atraviesa el puerco, ora el venado,
ora salta la liebre, y con el vicio,
gamuzas, capriolas y corcillas
retozan por la yerba y florecillas.

Quién el ciervo herido rastreando
de la llanura al monte atravesaba;
quién el cerdoso puerco fatigando
los osados lebreles ayudaba;
quién con templados pájaros volando
las altaneras aves remontaba:
acá matan la garza allá la cuerva,
aquí el celoso gamo, allí la cierva.

Estaba medio a medio deste asiento,
en forma de pirámide un collado,
redondo en igual círculo y esento,
sobre todas las tierras empinado.
Y sin saber yo cómo, en un momento,
de la fiera Belona arrebatado,
en la más alta cumbre dél me puso,
quedando dello atónito y confuso.