La araucana segunda parte: 031

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CANTO XVII
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La araucana segunda parte


Llegamos, pues, a tiempo que seguro
podrás ver la contienda porfiada,
y sin escalas, por el roto muro
entrar los de Felipe a pura espada;
verás el fiero asalto y trance duro,
y al fin la fuerte Francia aportillada,
que al riguroso hado incontrastable
no hay defensa ni plaza inexpugnable.

Conviéneme partir de aquí al momento
a meterme entre aquellos escuadrones,
y remover con nuevo encendimiento
los unos y los otros corazones;
tú desde aquí podrás mirar atento
las diferentes armas y naciones
y escribir de una y otra la fortuna,
dando su justa parte a cada una».

Luego la diosa airada y compañía
por el aire en tropel se deslizaron
y en un instante, sin torcer la vía,
cual presto rayo a Sanquintín bajaron,
donde atizando el fuego que ya ardía,
con la amiga Discordia se juntaron,
que andaba entre las huestes y compañas
infundiéndoles ira en las entrañas.

En esto el fiero ejército furioso,
por la señal postrera ya movido,
en un turbión espeso y polvoroso
corre al batido muro defendido.
¡Quién fuera de lenguaje tan copioso,
que pudiera esplicar lo que allí vido!
Mas, aunque mi caudal no llegue a tanto,
haré lo que pudiere en otro canto.