La araucana segunda parte: 034

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CANTO XVIII
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La araucana segunda parte


Unos la entrada sin temor defienden
con libre y animosa confianza,
otros de miedo por vivir ofenden,
poniéndoles esfuerzo la esperanza;
otros, que ya la vida no pretenden,
procuran de su muerte la venganza,
y que cayan sus cuerpos de manera
que al enemigo cierren la carrera.

Como el furor indómito y violencia
de una corriente y súbita avenida,
que, si halla reparo y resistencia,
hierve y crece allí la agua detenida,
al fin, con mayor ímpetu y potencia,
bramando abre el camino y la salida,
que las defensas rompe y desbarata
y en violento furor las arrebata,

de tal manera la francesa gente,
sin bastar resistencia y fuerza alguna,
la arrebató la próspera corriente
del hado de Felipe y su fortuna;
que, ya sin poder más, forzadamente
a su furia rendida, por la una
parte que estaba Cáceres, dio entrada
a la enemiga gente encarnizada.

Y aunque por esta parte el Almirante
el golpe de la gente resistía,
no fue ni pudo al cabo ser bastante
a la pujanza y furia que venía;
quedó prisión con otros, y adelante
la vitoriosa y fiera compañía,
dejando eterna lástima y memoria,
iba siguiendo el hado y la vitoria.

Pues en esta sazón, por la otra parte
que el diestro Navarrete peleaba,
sin ser ya la francesa gente parte,
a puro hierro la española entraba;
y a despecho y pesar del fiero Marte
que los franceses brazos esforzaba,
haciendo gran destrozo y cruda guerra,
de rota a más andar ganaban tierra.


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