La araucana segunda parte: 053

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CANTO XIX
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La araucana segunda parte


En este tiempo ya por todos lados
la plaza los contrarios expugnaban,
que a vencer o morir determinados
por los fuegos y tiros se lanzaban;
y encima de los muertos hacinados,
los vivos a tirar se levantaban,
de donde más la cierta puntería
el encubierto blanco descubría.

Unos con ramas, tierra y con maderos
ciegan el hondo foso presurosos;
otros, que más presumen de ligeros,
hacen pruebas y saltos peligrosos;
y los que les tocaban ser postreros,
de llegar a las manos deseosos,
tanto el ir adelante procuraban,
que dentro a los primeros arrojaban.

Mas de los muchos muertos y heridos
de nuestros arcabuces, de mampuesto
y de otros arrojados y caídos,
el foso se cegó y allanó presto;
por do los enemigos atrevidos
arremetieron, el temor pospuesto,
llegando por las partes más guardadas
a medir con nosotros las espadas;

y prosiguiendo en el osado intento
de nuevo empiezan un combate duro,
mas otros con mayor atrevimiento
trepaban por las picas sobre el muro,
que al bárbaro furor y movimiento
ningún alto lugar había seguro,
ni parte, por más áspera que fuese,
donde no se escalase y combatiese.

Los nuestros sobre el muro amontonados
los rebaten, impelen y maltratan,
y con lanzas y tiros arrojados
los derriban abajo y desbaratan.
Mas poco los demás escarmentados,
la difícil subida no dilatan,
antes procuran luego embravecidos
ocupar el lugar de los caídos.


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