La araucana segunda parte: 054

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CANTO XIX
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La araucana segunda parte


Unos así tras otros procediendo,
ganosos de honra y de temor desnudos,
siempre la priesa y multitud creciendo,
crece la furia de los golpes crudos;
los defendidos términos rompiendo,
cubiertos de sus cóncavos escudos,
nos pusieron en punto y apretura
que estuvo lo imposible en aventura.

En este tiempo Tucapel furioso
apareció gallardo en la muralla
esgrimiendo un bastón fuerte y ñudoso
todo cubierto de luciente malla.
Como el león de Libia vedijoso,
que abriendo de la tímida canalla
el tejido escuadrón, con furia horrenda
desembaraza la impedida senda,

así el furioso bárbaro arrogante
discurre por el muro, derribando
cuanto allí se le opone y vee delante,
su misma gente y armas tropellando.
Quisiera tener lengua y voz bastante
para poder en suma ir relatando
el singular esfuerzo y valentía
que el bravo Tucapel mostró aquel día.

No las espesas picas ni pertrechos
bastan puestas en contra a resistirle,
ni fuertes brazos ni robustos pechos
pueden, acometiéndole, impedirle;
que montones de gente y armas hechos
rompe y derriba sin poder sufrirle,
y aun, no contento desto, osadamente
se arroja dentro en medio de la gente.

Y al peligro las fuerzas añadiendo,
la poderosa maza rodeaba,
unos desbaratando, otros rompiendo,
siempre más tierra y opinión ganaba.
Al fin, los duros golpes resistiendo,
por las armas y gente atravesaba,
hiriendo siempre a diestro y a siniestro,
con grande riesgo suyo y daño nuestro.


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