La araucana segunda parte: 056

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CANTO XIX
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La araucana segunda parte


Nuestra gente con orden y osadía
siguiendo su derrota y firme intento,
a la enemiga opuesta arremetía,
que aun de esperar no tuvo sufrimiento;
y a recebir a Fenistón salía
con paso no menor y atrevimiento
y el diestro Julián de Valenzuela,
la espada en mano, al pecho la rodela.

Fue allí el primero que empezó el asalto
el presto Fenistón anticipado,
dando un ligero y no pensado salto
con el cual descargó un bastón pesado;
mas Valenzuela, la rodela en alto,
a dos manos el golpe ha reparado,
dejándole atronado de manera
como si encima un monte le cayera.

Bajó la ancha rodela a la cabeza
(tanto fue el golpe recio y desmedido),
y el trasportado joven una pieza
fue rodando de manos, aturdido;
mas luego, aunque atronado, se endereza,
y volviendo del todo en su sentido,
pudo al través hurtándose de un salto,
huir la maza que calaba de alto.

Entró el leño por tierra un gran pedazo
con el gran peso y fuerza que traía,
que visto Valenzuela el embarazo
del bárbaro, y el tiempo que él tenía,
metiendo con presteza el pie y el brazo
el pecho con la espada le cosía,
y al sacar la caliente y roja espada
le llevó de revés media quijada.

El araucano ya con desatino
le echó los brazos sin saber por donde,
mas el joven, tentando otro camino,
arrancada la daga, la responde;
que con la priesa y fuerza que convino
tres veces en el cuerpo se la esconde,
haciéndole estender, ya casi helados,
los pies y fuertes brazos añudados.


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