La araucana segunda parte: 057

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CANTO XIX
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La araucana segunda parte



Ya en aquella sazón ninguno había
que sólo un punto allí estuviese ocioso,
mas cada cual solícito corría
a lo más necesario y peligroso;
era el estruendo tal, que parecía
el batir de las armas presuroso,
que de sus fijos quicios todo el cielo
desencajado, se viniese al suelo.

Por otra parte, arriba en la muralla,
siempre con rabia y priesa hervorosa,
andaba muy reñida la batalla
y la vitoria en confusión dudosa.
Vuelta en el aire la cortada malla,
y de sangre caliente y espumosa
tantos arroyos en el foso entraban
que los cuerpos en ella ya nadaban.

Así de acá y de allá gallardamente
por la plaza y honor se contendía:
quién sobre el muerto sube diligente,
quién muerto sobre el vivo allí caía.
Don García de Mendoza entre su gente
su cuartel con esfuerzo defendía,
el gran furor y bárbara violencia
haciendo suficiente resistencia.

Don Felipe Hurtado a la otra mano,
don Francisco de Andía y Espinosa,
y don Simón Pereyra, lusitano,
don Alonso Pacheco y Ortigosa,
contrapuestos al ímpetu araucano,
hacían prueba de esfuerzo milagrosa
resistiendo a gran número la entrada
a pura fuerza y valerosa espada.


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