La araucana segunda parte: 072

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CANTO XX
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La araucana segunda parte


Pero Crepino, el joven estranjero,
que así de nombre propio se llamaba,
venía con tanta furia el delantero,
que al presuroso viento atrás dejaba.
El rojo palio al fin tocó el primero
que la larga carrera remataba,
dejando con su término agraciado
el circunstante pueblo aficionado.

Y con solene triunfo rodeando
la llena y ancha plaza, le llevaron;
pero después a mi lugar tornando,
que le diese el anillo me rogaron.
Yo, un medroso temblor disimulando
(que atentamente todos me miraron),
del empacho y temor pasado el punto,
le di mi libertad y anillo junto.

Él me dijo: -Señora, te suplico
le recibas de mí, que aunque parece
pobre y pequeño el don, te certifico
que es grande la afición con que se ofrece;
que con este favor quedaré rico
y así el ánimo y fuerzas me engrandece,
que no habrá empresa grande ni habrá cosa
que ya me pueda ser dificultosa.

Yo, por usar de toda cortesía
(que es lo que a las mujeres perficiona),
le dije que el anillo recebía
y más la voluntad de tal persona;
en esto toda aquella compañía
hecha en torno de mi espesa corona,
del ya agradable asiento me bajaron
y a casa de mi padre me llevaron.

No con pequeña fuerza y resistencia,
por dar satisfación de mí a la gente,
encubrí tres semanas mi dolencia,
siempre creciendo el daño y fuego ardiente;
y mostrando venir a la obediencia
de mi padre y señor, mañosamente
le di a entender por señas y rodeo
querer cumplir su ruego y mi deseo,


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