La araucana segunda parte: 073

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CANTO XX
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La araucana segunda parte


diciendo que pues él me persuadía
que tomase parientes y marido,
al parecer según que convenía,
yo por le obedecer le había elegido:
el cual era Crepino, que tenía
valor, suerte y linaje conocido,
junto con ser discreto, honesto, afable,
de condición y término loable.

Mi padre, que con sesgo y ledo gesto
hasta el fin escuchó el parecer mío,
besándome en la frente, dijo: -En esto
y en todo me remito a tu albedrío,
pues de tu discreción e intento honesto
que elegirás lo que conviene fío,
y bien muestra Crepino en su crianza
ser de buenos respetos y esperanza.

Ya que con voluntad y mandamiento
a mi honor y deseo satisfizo
y la vana contienda y fundamento
de los presentes jóvenes deshizo,
el infelice y triste casamiento
en forma y acto público se hizo.
Hoy hace justo un mes, ¡oh suerte dura,
qué cerca está del bien la desventura!

«Ayer me vi contenta de mi suerte,
sin temor de contraste ni recelo;
hoy la sangrienta y rigurosa muerte
todo lo ha derribado por el suelo.
¿Qué consuelo ha de haber a mal tan fuerte?;
¿qué recompensa puede darme el cielo,
adonde ya ningún remedio vale
ni hay bien que con tan grande mal se iguale?

Éste es, pues, el proceso; ésta es la historia
y el fin tan cierto de la dulce vida:
he aquí mi libertad y breve gloria
en eterna amargura convertida.
Y pues que por tu causa la memoria
mi llaga ha renovado encrudecida,
en recompensa del dolor te pido
me dejes enterrar a mi marido;


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