La araucana segunda parte: 090

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CANTO XXI
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La araucana segunda parte



Cuentan, no sé si es fábula, que estando
bañándose en la mar, algo apartada,
un caballo marino allí arribando,
fue dél súbitamente arrebatada
y el marido a las voces aguijando
de la cara mujer, del pez robada,
con el dolor y pena de perdella,
al agua se arrojó luego tras ella.

Pudo tanto el amor, que el mozo osado
al pescado alcanzó, que se alargaba
y abrazado con él, por maña, a nado
a la vecina orilla le acercaba,
donde el marino monstruo sobreaguado
(que también el amor ya le cegaba)
dio recio en seco, al tiempo que el reflujo
de las huidoras olas se retrujo.

Soltó la presa libre y sacudiendo
la dura cola, el suelo deshacía,
y aquí y allí el gran cuerpo retorciendo
contra el mozo animoso se volvía,
el cual, sazón y punto no perdiendo,
a las cercanas armas acudía,
comenzando los dos una batalla,
que el mar calmó y el sol paró a miralla.

Mas con destreza el bárbaro valiente
de fuerza y ligereza acompañada
al monstruo devoraz hería en la frente
con una porra de metal herrada.
Al cabo el indio valerosamente
dio felice remate a la jornada,
dejando al gran pescado allí tendido
que más de treinta pies tenía medido.

Y en memoria del hecho hazañoso
digno de le poner en escritura,
del pellejo del pez duro y peloso
hizo una fuerte y fácil armadura.
Muerto Guacol, Gualemo valeroso
las armas heredó y a Quilacura,
ques un valle estendido y muy poblado
de gente rica de oro y de ganado.



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