La araucana segunda parte: 091

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CANTO XXI
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La araucana segunda parte



Pasó tras éste luego Talcahuano,
que ciñe el mar su tierra y la rodea,
un mástil grueso en la derecha mano
que como un tierno junco le blandea,
cubierto de altas plumas, muy lozano,
siguiéndole su gente de pelea,
por los pechos al sesgo atravesadas
bandas azules, blancas y encarnadas.

Venía tras él Tomé, que sus pisadas
seguían los puelches, gentes banderizas,
cuyas armas son puntas enastadas
de una gran braza, largas y rollizas;
y los trulos también, que usan espadas,
de fe mudable y casas movedizas,
hombres de poco efeto, alharaquientos,
de fuerza grande y chicos pensamientos.

No falto Andalicán con su lucida
y ejercitada gente en ordenanza,
una cota finísima vestida,
vibrando la fornida y gruesa lanza;
y Orompello, de edad aun no cumplida
pero de grande muestra y esperanza,
otra escuadra de pláticos regía,
llevando al diestro Ongolmo en compañía.

Elicura pasó luego tras éstos
armado ricamente, el cual traía
una banda de jóvenes dispuestos,
de grande presunción y gallardía.
Seguían los llaucos, de almagrados gestos,
robusta y esforzada compañía,
llevando en medio dellos por caudillo
al sucesor del ínclito Ainavillo.

Seguía después Cayocupil, mostrando
la dispuesta persona y buen deseo,
su veterana gente gobernando
con paso grave y con vistoso arreo.
Tras él venía Purén, también guiando,
con no menor donaire y contoneo
una bizarra escuadra de soldados
en la dura milicia ejercitados.



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