La araucana segunda parte: 095

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CANTO XXII
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La araucana segunda parte



Entran los españoles en el Estado de Arauco; traban los araucanos
con ellos una reñida batalla; hace Rengo de su persona gran
prueba; cortan las manos por justicia a Galuarino, indio valeroso

Pérfido amor tirano, ¿qué provecho
piensas sacar de mi desasosiego?
¿No estás de mi promesa satisfecho
que quieres afligirme desde luego?
¡ Ay!, que ya siento en mi cuidoso pecho
labrarme poco a poco un vivo fuego
y desde allí con movimiento blando
ir por venas y huesos penetrando.

¿Tanto, traidor, te va en que yo no siga
el duro estilo del sangriento Marte,
que así de tal manera me fatiga
tu importuna memoria en cada parte?
Déjame ya, no quieras que se diga
que porque nadie quiere celebrarte,
al último rincón vas a buscarme,
y allí pones tu fuerza en aquejarme.

¿No ves que es mengua tuya y gran bajeza
habiendo tantos célebres varones,
venir a mendigar a mi pobreza
tan falta de concetos y razones,
y en medio de las armas y aspereza
sumido en mil forzosas ocasiones
me cargas por un sueño, quizá vano,
con tanta pesadumbre ya la mano?

Déjame ya, que la trompeta horrenda
del enemigo bárbaro vecino
no da lugar a que otra cosa atienda,
que me tiene tomado ya el camino
donde siento fraguada una contienda,
que al más fértil ingenio y peregrino
en tal revolución embarazado,
no le diera lugar desocupado.



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