La araucana segunda parte: 097

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CANTO XXII
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La araucana segunda parte



Aunque a veces en partes recogidos,
haciendo cuerpo y rostro, revolvían
y con mayor valor que de vencidos
al vencedor soberbio acometían.
Pero de la gran furia compelidos,
el camino empezado proseguían,
dejando a veces muerta y tropellada
alguna de la gente desmandada.

Los presurosos indios desenvueltos,
siempre con mayor furia y crecimiento,
en una espesa polvoreda envueltos,
iban en el alcance y seguimiento.
Los nuestros a calcaño y frenos sueltos,
a la sazón con más temor que tiento,
ayudan los caballos desbocados
arrimándoles hierro a los costados.

Pero por más que allí los aguijaban,
con voces, cuerpos, brazos y talones,
los bárbaros por pies los alcanzaban,
haciéndoles bajar de los arzones.
Al fin, necesitados, peleaban
cual los heridos osos y leones,
cuando de los lebreles aquejados
veen la guarida y pasos ocupados.

Como el airado viento repentino
que en lóbrego turbión con gran estruendo
el polvoroso campo y el camino
va con violencia indómita barriendo,
y en ancho y presuroso remolino
todo lo coge, lleva y va esparciendo,
y arranca aquel furioso movimiento
los arraigados troncos de su asiento,

con tal facilidad, arrebatados
de aquel furor y bárbara violencia,
iban los españoles fatigados,
sin poderse poner en resistencia.
Algunos, del honor avergonzados,
vuelven haciendo rostro y aparencia
mas otra ola de gente que llegaba
con más presteza y daño los llevaba.



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