La araucana segunda parte: 098

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CANTO XXII
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La araucana segunda parte



Así los iban siempre maltratando,
siguiendo el hado y próspera fortuna,
el rabioso furor ejecutando
en los rendidos, sin clemencia alguna.
Por el tendido valle resonando
la trulla y grita bárbara importuna,
que arrebatada del ligero viento
llevó presto la nueva a nuestro asiento.

En esto por la parte del poniente
con gran presteza y no menor ruido
Juan Remón arribó con mucha gente,
que el aviso primero había tenido
y en furioso tropel, gallardamente,
alzando un ferocísimo alarido,
embistió la enemiga gente airada,
en la vitoria y sangre ya cebada.

Mas un cerrado muro y baluarte
de duras puntas al romper hallaron,
que con estrago de una y otra parte,
hecho un hermoso choque, repararon.
Unos pasados van de parte a parte,
otros muy lejos del arzón volaron,
otros heridos, otros estropeados,
otros de los caballos tropellados.

No es bien pasar tan presto, ¡oh pluma mía!,
las memorables cosas señaladas
y los crudos efetos deste día
de valerosas lanzas y de espadas
que, aunque ingenio mayor no bastaría
a poderlas llevar continuadas,
es justo se celebre alguna parte
de muchas en que puedes emplearte.

El gallardo Lincoya, que arrogante
el primero escuadrón iba guiando,
con muestra airada y con feroz semblante
el firme y largo paso apresurando,
cala la gruesa pica en un instante,
y el cuento entre la tierra y pie afirmando,
recibe en el cruel hierro fornido
el cuerpo de Hernán Pérez atrevido.



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