La araucana segunda parte: 099

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CANTO XXII
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La araucana segunda parte



Por el lado derecho encaminado
hizo el agudo hierro gran herida,
pasando el escaupil doble estofado
y una cota de malla muy tejida.
El ancho y duro hierro ensangrentado
abrió por las espaldas la salida,
quedando el cuerpo ya descolorido
fuera de los arzones suspendido.

Tucapelo gallardo, que al camino
salió al valiente Osorio, que corriendo
venía con mayor ánimo que tino
los herrados talones sacudiendo,
mostrando el cuerpo, al tiempo que convino
le dio lado, y la maza revolviendo
con tanta fuerza le cargó la mano
que no le dejó miembro y hueso sano.

A Cáceres, que un poco atrás venía,
de otro golpe también le puso en tierra,
el cual con gran esfuerzo y valentía
la adarga embraza y de la espada afierra,
y contra la enemiga compañía
se puso él solo a mantener la guerra,
haciendo rostro y pie con tal denuedo
que a los más atrevidos puso miedo.

Y aunque con gran esfuerzo se sustenta,
la fuerza contra tantos no bastaba
que ya la espesa turba alharaquienta
en confuso montón le rodeaba.
Pero en esta sazón más de cincuenta
caballos que Reinoso gobernaba
que de refresco a tiempo habían llegado,
vinieron a romper por aquel lado.

Tan recio se embistió, que aunque hallaron
de gruesas astas un tejido muro,
el cerrado escuadrón aportillaron,
probando más de diez el suelo duro,
y al esforzado Cáceres cobraron,
que cercado de gente, mal seguro,
con ánimo feroz se sustentaba,
y matando, la muerte dilataba.



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