La araucana segunda parte: 102

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXII
Pág. 102 de 229
La araucana segunda parte



Así la tierra y cielo amenazando
en medio del pantano se presenta
y la sangrienta maza floreando,
la gente de poco ánimo amedrenta.
No fue bien conocido en la voz, cuando
haciendo de sus fieros poca cuenta,
algunos españoles más cercanos
aguijamos sobre él con prestas manos.

Mas a Juan, Yanacona, que una pieza
de los otros osados se adelanta
le machuca de un golpe la cabeza,
y de otro a Chilca el cuerpo le quebranta;
y contra el joven Zúñiga endereza
el tercero, con saña y furia tanta,
que como clavo en húmido terreno
le sume hasta los pechos en el cieno.

Pero de tiros una lluvia espesa
al animoso pecho encaminados,
turbando el aire claro, a mucha priesa
descargaron sobre él de todos lados.
Por esto el fiero bárbaro no cesa,
antes con furia y golpes redoblados,
el lodo a la cintura, osadamente
estaba por muralla de su gente.

Cual el cerdoso jabalí herido
al cenagoso estrecho retirado,
de animosos sabuesos perseguido
y de diestros monteros rodeado,
ronca, bufa y rebufa embravecido,
vuelve y revuelve deste y de aquel lado,
rompe, encuentra, tropella, hiere y mata
los espesos tiros desbarata,

el bárbaro esforzado de aquel modo
ardiendo en ira y de furor insano,
cubierto de sudor, de sangre y lodo,
estaba solo en medio del pantano
resistiendo la furia y golpe todo
de los tiros que de una y otra mano,
cubriendo el sol, sin número salían
y como tempestad sobre él llovían.



<<<
>>>