La araucana segunda parte: 106

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CANTO XXIII
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La araucana segunda parte



Llega Galbarino adonde estaba el senado araucano: hace en el
consejo una habla con la cual desbarata los pareceres de algunos.
Salen los españoles en busca del enemigo; píntase la cueva del
hechicero Fitón y las cosas que en ella había

Jamás debe, Señor, menospreciarse
el enemigo vivo, pues sabemos
puede de una centella levantarse
fuego, con que después nos abrasemos,
y entonces es cordura recelarse
cuando en mayor felicidad nos vemos,
pues los que gozan próspera bonanza
están aún más sujetos a mudanza.

Sólo la muerte próspera asegura
el breve curso del felice hado,
que, mientras la incierta vida dura,
nunca hay cosa que dure en un estado.
Así que quien jamás tuvo ventura
podrá llamarse bienaventurado
y sin prosperidad vivir contento
pues no teme infelice acaecimiento.

Y pues que ya tenemos certidumbre
que nunca hay bien seguro ni reposo,
que es ley usada, es orden y costumbre
por donde ha de pasar el más dichoso,
gastar el tiempo en esto es pesadumbre
y así, por no ser largo y enojoso,
sólo quiero contar a lo que vino
el despreciar al mozo Galbarino.

El cual, aunque herido y desangrado,
tanto el coraje y rabia le inducía
que llegó a Andalicán, donde alojado
Caupolicán su ejército tenía.
Era al tiempo que el ínclito Senado
en secreto consejo proveía
las cosas de la guerra y menesteres,
dando y tomando en ello pareceres.



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