La araucana segunda parte: 107

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CANTO XXIII
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La araucana segunda parte



Cuál con justo temor dificultaba
la pretensión de algunos imprudente,
cuál, por mostrar valor, facilitaba
cualquier dificultoso inconveniente,
cuál un concierto lícito aprobaba,
cuál era deste voto diferente
procurando unos y otros con razones
esforzar sus discursos y opiniones.

En esta confusión y diferencia,
Galbarino arribó apenas con vida,
el cual pidiendo para entrar licencia,
le fue graciosamente concedida
donde con la debida reverencia,
esforzando la voz enflaquecida,
falto de sangre y muy cubierto della,
comenzó desta suerte su querella:

«Si solíades vengar, sacros varones,
las ajenas injurias tan de veras,
y en las estrañas tierras y naciones
hicieron sombra ya vuestras banderas,
¿cómo agora en las propias posesiones
unas bastardas gentes estranjeras
os vienen a oprimir y conquistaros,
y tan tibios estáis en el vengaros?

Mirad mi cuerpo aquí despedazado,
miembro del vuestro, que por más afrenta
me envían lleno de injurias al Senado
para que dellas sepa daros cuenta.
Mirad vuestro valor vituperado
y lo que en mí el tirano os representa,
jurando no dejar cacique alguno
sin desmembrarlos todos uno a uno.

Por cierto, bien en vano han adquirido
tanta gloria y honor vuestros agüelos
y el araucano crédito subido
en su misma virtud hasta los cielos,
si agora infame, hollado y abatido,
anda de lengua en lengua por los suelos,
y vuestra ilustre sangre resfriada,
en los sucios rincones derramada.



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