La araucana segunda parte: 108

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CANTO XXIII
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La araucana segunda parte



¿Qué provincia hubo ya que no tremiese
de vuestra voz en todo el mundo oída,
ni nación que las armas no rindiese
por temor o por fuerza compelida,
arribando a la cumbre porque fuese
tanto de allí mayor vuestra caída,
y al término llegase el menosprecio
donde de los pasados llegó el precio?

Pues unos estranjeros enemigos
con título y con nombre de clemencia,
ofrecen de acetaros por amigos,
queriéndoos reducir a su obediencia.
Y si no os sometéis, que con castigos
prometen oprimir vuestra insolencia,
sin quedar del cuchillo reservado
género, religión, edad ni estado.

Volved, volved en vos, no deis oído
a sus embustes, tratos y marañas,
pues todas se enderezan a un partido
que viene a deslustrar vuestras hazañas;
que la ocasión que aquí los ha traído
por mares y por tierras tan estrañas
es el oro goloso que se encierra
en las fértiles venas desta tierra.

Y es un color, es aparencia vana
querer mostrar que el principal intento
fue el estender la religión cristiana,
siendo el puro interés su fundamento;
su pretensión de la codicia mana,
que todo lo demás es fingimiento,
pues los vemos que son más que otras gentes
adúlteros, ladrones, insolentes.

Cuando el siniestro hado y dura suerte
nos amenacen cierto en lo futuro,
podemos elegir honrada muerte,
remedio breve, fácil y seguro.
Poned a la fortuna el hombro fuerte,
a dura adversidad corazón duro:
que el pecho firme y ánimo invencible
allana y facilita aun lo imposible».



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