La araucana segunda parte: 113

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CANTO XXIII
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La araucana segunda parte



El venerable viejo y padre anciano
con un sospiro y tierno sentimiento
me tomó blandamente por la mano,
saliendo de su frágil aposento;
y por ser a la entrada del verano,
buscamos a la sombra un fresco asiento
en una pedregosa y tosca fuente,
do comenzó a decirme lo siguiente:

«Mi tierra es en Arauco y soy llamado
el desdichado viejo Guaticolo,
que en los robustos años fui soldado
en cargo antecesor de Colocolo;
y antes, por mi persona en estacado
siete campos vencí de solo a solo,
y mil veces de ramos fue ceñida
esta mi calva frente envejecida.

Mas como en esta vida el bien no dura
y todo está sujeto a desvarío,
mudóse mi fortuna en desventura,
y en deshonor perpetuo el honor mío:
que por estraño caso y suerte dura
perdí con Ainavillo en desafío
la gloria en tantos años adquirida,
quitándome el honor y no la vida.

Viéndome, pues, con vida y deshonrado
(que mil veces quisiera antes ser muerto),
de cobrar el honor desesperado
me vine, como ves, a este desierto,
donde más de veinte años he morado
sin ser jamás de nadie descubierto
sino agora de ti, que ha sido cosa
no poco para mí maravillosa.

Así que tantos tiempos he vivido
en este solitario apartamiento,
y pues que la fortuna te ha traído
a mi triste y humilde alojamiento,
haré de voluntad lo que has pedido,
que tengo con Fitón conocimiento
que, aunque intratable y áspero, es mi tío,
hermano de Guarcolo, padre mío.



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