La araucana segunda parte: 114

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CANTO XXIII
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La araucana segunda parte



Al pie de una asperísima montaña,
pocas veces de humano pie pisada,
hace su habitación y vida estraña
en una oculta y lóbrega morada
que jamás el alegre sol la baña,
y es a su condición acomodada,
por ser fuera de término, inhumano,
enemigo mortal del trato humano.

Mas su saber y su poder es tanto
sobre las piedras, plantas y animales,
que alcanza por su ciencia y arte cuanto
pueden todas las causas naturales;
y en el escuro reino del espanto
apremia a los callados infernales
a que digan por áspero conjuro
pasado, presente y lo futuro.

En la furia del sol y luz serena
de noturnas tinieblas cubre el suelo,
y sin fuerza de vientos llueve y truena,
fuera de tiempo el sosegado cielo;
el raudo curso de los ríos enfrena,
y las aves en medio de su vuelo
vienen de golpe abajo amodorridas,
por sus fuertes palabras compelidas.

»Las yerbas en su agosto reverdece
y entiende la virtud de cada una;
el mar revuelve, el viento le obedece
contra la fuerza y orden de la luna.
Tiembla la firme tierra y se estremece
a su voz eficaz, sin causa alguna
que la altere y remueva por de dentro,
apretándose recio con su centro.

Los otros poderosos elementos
a las palabras déste están sujetos
y a las causas de arriba y movimientos
hace perder la fuerza y los efetos.
Al fin por su saber y encantamentos
escudriña y entiende los secretos,
y alcanza por los astros influentes
los destinos y hados de las gentes.



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