La araucana segunda parte: 118

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CANTO XXIII
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La araucana segunda parte



«sabrás que a este mancebo le ha traído
de tu espantoso nombre la gran fama,
que en las indias regiones estendido
hasta el ártico polo se derrama.
El cual por mil peligros ha rompido
tras su deseo corriendo, que le llama
a celebrar las cosas de la guerra
y el sangriento destrozo desta tierra.

Que estando así una noche retirado
escribiendo el suceso de aquel día,
súbito fue en un sueño arrebatado,
viendo cuanto en la Europa sucedía:
donde le fue asimismo revelado
que en tu escondida cueva entendería
estraños casos, dignos de memoria,
con que ilustrar pudiese más su historia,

y que noticia le darías de cosas
ya pasadas, presente y futuras,
hazañas y conquistas milagrosas,
peregrinos sucesos y aventuras,
temerarias empresas espantosas,
hechos que no se han visto en escrituras:
este encarecimiento le molesta
y nos tiene suspensos tu respuesta».

Holgó el mago de oír cuán estendida
por aquella región su fama andaba
y vuelta a mí la cara envejecida,
todo de arriba abajo me miraba;
al fin, con voz pujante y expedida
que poco con las canas conformaba,
y aspecto grave y muestra algo severa,
la respuesta me dio desta manera:

«Aunque en razón es cosa prohibida
profetizar los casos no llegados,
y es menos alargar a uno la vida
contra los estatutos de los hados,
ya que ha sido a mi casa tu venida
por incultos caminos desusados,
te quiero complacer, pues mi sobrino
viene aquí por tu intérprete y padrino».



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