La araucana segunda parte: 121

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXIII
Pág. 121 de 229
La araucana segunda parte



Por tanto, a mis palabras no te alteres
ni te espante el horrísono conjuro;
que si atento con ánimo estuvieres,
verás aquí presente lo futuro.
Todo, punto por punto, lo que vieres
lo disponen los hados, y aseguro
que podrás, como digo, ser de vista
testigo y verdadero coronista».

Yo, con mayor codicia, por un lado
llegué el rostro a la bola trasparente,
donde vi dentro un mundo fabricado
tan grande como el nuestro, y tan patente
como en redondo espejo relevado.
Llegando junto el rostro, claramente
vemos dentro un anchísimo palacio
y en muy pequeña forma grande espacio.

Y por aquel lugar se descubría
el turbado y revuelto mar Ausonio,
donde se difinió la gran porfía,
entre César Augusto y Marco Antonio;
así en la misma forma parecía
por la banda de Lepanto y Favonio,
junto a las Curchulares, hacia el puerto,
de galeras el ancho mar cubierto.

Mas viendo las devisas señaladas
del Papa, de Felipe y venecianos,
luego reconocí ser las armadas
de los infieles turcos y cristianos,
que en orden de batalla aparejadas
para venir estaban a las manos,
aunque a mi parecer no se movían,
ni más que figuradas parecían.

Pero el mago Fitón me dijo: «Presto
verás una naval batalla estraña,
donde se mostrará bien manifiesto
el supremo valor de nuestra España».
Y luego con airado y fiero gesto,
hiriendo el ancho globo con la caña,
una vez al través, otra al derecho,
sacó una horrible voz del ronco pecho,



<<<
>>>