La araucana segunda parte: 132

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CANTO XXIII
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La araucana segunda parte



Mirando, aunque espantado, atentamente
la multitud de gente que allí había,
vi que escrito de letras en la frente
su nombre y cargo cada cual tenía,
y mucho me admiró los que al presente
en la primera edad yo conocía
verlos en su vigor y años lozanos,
y otros floridos jóvenes ya canos.

Luego, pues, los cristianos dispararon
una pieza en señal de rompimiento,
y en alto un crucifijo enarbolaron,
que acrecentó el hervor y encendimiento:
todos humildemente le salvaron
con grande devoción y acatamiento,
bajo del cual estaban a los lados
las armas de los fieles colegados.

En esto, con rumor de varios sones,
acercándose siempre, caminaban;
estandartes, banderas y pendones
sobre las altas popas tremolaban;
las ordenadas bandas y escuadrones,
esgrimiendo las armas se mostraban
en torno las galeras rodeadas
de cañones de bronce y pavesadas.

Mas en el bajo tono que ahora llevo
no es bien que de tan grande cosa cante,
que, cierto, es menester aliento nuevo,
lengua más espedida y voz pujante;
así medroso desto, no me atrevo
a proseguir, Señor, más adelante.
En el siguiente y nuevo canto os pido
me deis vuestro favor y atento oído.



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