La araucana segunda parte: 134

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXIV
Pág. 134 de 229
La araucana segunda parte



Vi allí también de la nación de España
la flor de juventud y gallardía,
la nobleza de Italia y de Alemaña,
una audaz y bizarra compañía:
todos ornados de riqueza estraña,
con animosa muestra y lozanía,
y en las popas, carceses y trinquetes,
flámulas, banderolas, gallardetes.

Así las dos armadas, pues, venían
en tal manera y orden navegando
que dos espesos bosques parecían
que poco a poco se iban allegando.
Las cicaladas armas relucían
en el inquieto mar reverberando,
ofendiendo la vista desde lejos
las agudas vislumbres y reflejos.

Por nuestra armada al uno y otro lado
una presta fragata discurría,
donde venía un mancebo levantado
de gallarda aparencia y bizarría,
un riquísimo y fuerte peto armado,
con tanta autoridad, que parecía
en su disposición, figura y arte,
hijo de la Fortuna y del dios Marte.

Yo, codicioso de saber quién era,
aficionado al talle y apostura,
mirando atentamente la manera,
el aire, el ademán y compostura,
en la fuerte celada, en la testera
vi escrito en el relieve y grabadura
(de letras de oro, el campo en sangre tinto):
DON IUAN, HIJO DE CÉSAR CARLOS QUINTO.

El cual acá y allá siempre corría
por medio del bullicio y alboroto
y en la fragata cerca del venía
el viejo secretario, Juan de Soto,
de quien el mago anciano me decía
ser en todas las cosas de gran voto,
persona de discursos y esperiencia,
de muchas expedición y suficiencia.



<<<
>>>