La araucana segunda parte: 135

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



Don Iuan a la sazón los exhortaba
a la batalla y trance peligroso,
con ánimo y valor que aseguraba
por cierta la vitoria y fin dudoso;
y su gran corazón facilitaba
lo que el temor hacía dificultoso,
derramando por toda aquella gente
un bélico furor y fuego ardiente

diciendo: «¡Oh valerosa compañía,
muralla de la Iglesia inexpugnable,
llegada es la ocasión, éste es el día
que dejáis vuestro nombre memorable,
calad armas y remos a porfía
y la invencible fuerza y fe inviolable
mostrad contra estos pérfidos paganos
que vienen a morir a vuestras manos!

Que quien volver de aquí vivo desea
al patrio nido y casa conocida,
por medio desa armada gente crea
que ha de abrir con la espada la salida;
así cada cual mire que pelea
por su Dios, por su Rey y por la vida,
que no puede salvarla de otra suerte
si no es trayendo el enemigo a muerte.

«Mirad que del valor y espada vuestra
hoy el gran peso y ser del mundo pende;
y entienda cada cual que está en su diestra
toda la gloria y premio que pretende.
Apresuremos la fortuna nuestra
que la larga tardanza nos ofende
pues no estáis de cumplir vuestro deseo
mas del poco de mar que en medio veo.

Vamos, pues, a vencer; no detengamos
nuestra buena fortuna que nos llama;
del hado el curso próspero sigamos
dando materia y fuerzas a la fama:
que solo deste golpe derribamos
la bárbara arrogancia y se derrama
el sonoroso estruendo desta guerra
por todos los confines de la tierra.



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