La araucana segunda parte: 137

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXIV
Pág. 137 de 229
La araucana segunda parte



El valeroso joven, pues, loando
aquella voluntad asegurada,
con súbita presteza el mar cortando,
atravesó por medio de la armada
de blanca espuma el rastro levantando,
cual luciente cometa arrebatada,
cuando veloz, rompiendo el aire espeso,
le suele así dejar gran rato impreso.

Así que brevemente habiendo puesto
en orden las galeras y la gente,
a la suya real se acosta presto,
donde fue saludado alegremente;
y señalando a cada cual su puesto
con el concierto y modo conveniente,
zafa la artillería, y alistada,
iba la vuelta de la turca armada.

Llevaba el cuerno de la diestra mano
el sucesor del ínclito Andrea Doria,
de quien el largo mar Mediterrano
hará perpetua y célebre memoria
y Augustín Barbarigo, veneciano,
proveedor de la armada senatoria,
llevaba el otro cuerno a la siniestra
con orden no menor y bella muestra.

Pues los cuernos iguales y ordenados
la batalla guiaba el hijo dino
del gran Carlos, cerrando los dos lados
las galeras de Malta y Lomelino;
la del Papa y Venecia a los costados,
así continuaban su camino,
cargando con igual compás y estremos
las anchas palas de los largos remos.

Iban seis galeazas delanteras,
bastecidas de gente y artilladas,
puestas de dos en dos en las fronteras,
que a manera de luna iban cerradas.
Seguían luego detrás treinta galeras
al general socorro señaladas,
donde el marqués de Santa Cruz venía
con una valerosa compañía.



<<<
>>>