La araucana segunda parte: 146

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



Mirad por ese mar alegremente
cuánta gloria os está ya aparejada,
que Dios aquí ha juntado tanta gente
para que a nuestros pies sea derrocada,
y someta hoy aquí todo el Oriente
a nuestro yugo la cerviz domada
y a sus potentes príncipes y reyes
les podamos quitar y poner leyes.

«Hoy con su perdición establecemos
en todo el mundo el crédito cristiano,
que quiere nuestro Dios que quebrantemos
el orgullo y furor mahometano.
¿Qué peligro, ¡oh varones!, temeremos
militando debajo de tal mano?
¿Y quién resistirá vuestras espadas
por la divina mano gobernadas?

Sólo os ruego que, en Christo confiando
que a la muerte de cruz por vos se ofrece,
combata cada cual por Él mostrando
que llamarse su mílite merece.
Con propósito firme protestando
de vencer o morir, que si parece
la vitoria de premio y gloria llena,
la muerte por tal Dios no es menos buena.

Y pues con este fin nos dispusimos
al peligro y rigor desta jornada
y en la defensa de su ley venimos
contra esa gente infiel y renegada,
la justísima causa que seguimos
nos tiene la vitoria asegurada,
así que ya del cielo prometido,
os puedo yo afirmar que habéis vencido».

Súbito allí los pechos más helados
de furor generoso se encendieron,
y de los torpes miembros resfriados,
el temor vergonzoso sacudieron.
Todos, los diestros brazos levantados,
la vitoria o morir le prometieron,
teniendo en poco ya desde aquel punto
el contrario poder del mundo junto.



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