La araucana segunda parte: 148

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



Por el orden y término que cuento
la católica armada caminaba
la vuelta de la infiel que a sobreviento,
ganándole la mar, se aventajaba;
pero luego a deshora calmó el viento
y el alto mar sus olas allanaba,
remitiendo fortuna la sentencia
al valor de los brazos y excelencia.

Opuesto al Barbarigo, al cuerno diestro
va Siroco, virrey de Alejandría,
con Memeth Bey, cosario y gran maestro,
que a Negroponto a la sazón regía.
Ochalí, renegado, iba al siniestro
con Carabey, su hijo en compañía
y en medio en la batalla bien cerrada
Alí, gran general de aquella armada.

El cual, reconociendo el duro hado,
y de su perdición la hora postrera,
como prudente capitán y osado,
de la alta popa en la real galera,
con un semblante alegre y confiado
que mostraba, fingido por defuera,
el cristiano poder disminuyendo,
hizo esta breve plática, diciendo:

«No será menester, soldados, creo,
moveros ni incitaros con razones,
que ya por las señales que en vos veo,
se muestran bien las fieras intenciones;
echad fuera la ira y el deseo
desos vuestros fogosos corazones
y las armas tomad, en cuyo hecho
los hados ponen hoy nuestro derecho:

que jamás la fortuna a nuestros ojos
se mostró tan alegre y descubierta
pues cargada de gloria y de despojos,
se viene ya a meter por nuestra puerta.
Rematad el trabajo y los enojos
desta prolija guerra, haciendo cierta
la esperanza y el crédito estimado
que de vuestro valor siempre habéis dado.



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