La araucana segunda parte: 156

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



El buen marqués de Santa Cruz, que estaba
al socorro común apercebido,
visto el trabado juego cuál andaba
y desigual en partes el partido,
sin aguardar más tiempo se arrojaba
en medio de la priesa y gran ruido,
embistiendo con ímpetu furioso
todo lo más revuelto y peligroso.

Viendo, pues, de enemigos rodeada
la galera real con gran porfía,
y que de otra refresco bien armada
a embestirla con ímpetu venía,
saltóle de través, boga arrancada,
y al encuentro y defensa se oponía,
atajando con presto movimiento,
el bárbaro furor y fiero intento.

Después, rabioso, sin parar corriendo
por la áspera batalla discurría:
entra, sale y revuelve socorriendo
y a tres y a cuatro a veces resistía.
¿Quién podrá punto a punto ir refiriendo
las gallardas espadas que este día,
en medio del furor se señalaron
y el mar con turca sangre acrecentaron?

Don Iuan en esto, airado e impaciente
la espaciosa fortuna apresuraba
poniendo espuelas y ánimo a su gente
que envuelta en sangre ajena y propia andaba.
Alí Bajá, no menos diligente,
con gran hervor los suyos esforzaba,
trayéndoles contino a la memoria
el gran premio y honor de la vitoria.

Mas la real cristiana, aventajada
por el grande valor de su caudillo,
a puros brazos y a rigor de espada
abre recio en la turca un gran portillo
por do un grueso tropel de gente armada,
sin poder los contrarios resistillo,
entra con un rumor y furia estraña,
gritando: «¡Cierra!, ¡cierra!; ¡España!, ¡España!»



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