La araucana segunda parte: 157

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



Los turcos, viendo entrada su galera
del temor y peligro compelidos,
revuelven sobre sí de tal manera
que fueron los cristianos rebatidos;
pero añadiendo furia a la primera
los fuertes españoles ofendidos,
venciendo el nuevo golpe de la gente,
los vuelven a llevar forzosamente

hasta el árbol mayor, donde afirmando
el rostro y pie con nueva confianza
renuevan la batalla, refrescando
el fiero estrago y bárbara matanza.
Carga socorro de uno y otro bando,
fatígales y aqueja la tardanza
de vencer o morir desesperados,
dando gran priesa a los dudosos hados.

La grande multitud de los heridos
que a la batida proa recudían
causaban que a las veces detenidos,
los unos a los otros se impedían;
pero, de medicinas proveídos,
luego de nuevo a combatir volvían,
las enemigas fuerzas reprimiendo
que iban, al parecer, convalenciendo.

En esta gran revuelta y desatino,
que allí cargaba más que en otro lado,
viniendo a socorrer don Bernardino
(más que de vista de ánimo dotado),
fue con súbita furia en el camino
de un fuerte esmerilazo derribado,
cortándole con golpe riguroso
los pasos y designio valeroso.

Fue el poderoso golpe de tal suerte,
demás de la pesada y gran caída,
que resistir no pudo el peto fuerte
ni la rodela a prueba guarnecida.
Al fin el joven con honrada muerte
del todo aseguró la inquieta vida,
envainando en España mil espadas
en contra y daño suyo declaradas.



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