La araucana segunda parte: 159

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



Marco Antonio Colona, despreciando
el ímpetu enemigo y la braveza,
combate animosísimo, igualando
con la honrosa ambición la fortaleza.
Pues Sebastián Veniero, contrastando
la turca fuerza y bárbara fiereza,
vengaba allí con ira y rabia justa
la injuria recebida en Famagusta.

La capitana de Sicilia en tanto,
también Portau Bajá la combatía,
la cual ya por el uno y otro canto
cercada de galeras la tenía.
Era el valor de los cristianos tanto
que la ventaja desigual suplía,
no sólo sustentado igual la guerra
pero dentro del mar ganando tierra;

que don Iuan, de la sangre de Cardona,
ejercitando allí su viejo oficio,
ofrece a los peligros la persona
dando de su valor notable indicio;
y la fiera nación de Barcelona
hace en los enemigos sacrificio,
trayendo hasta los puños las espadas
todas en sangre bárbara bañadas.

No pues con menos animo y pujanza
el sabio Barbarigo combatía,
igualando el valor a la esperanza
que de su claro esfuerzo se tenía:
ora oprime la turca confianza,
ora a la misma muerte rebatía,
haciendo suspender la flecha airada
que ya derecho en él tenía asestada.

Bien que con muestra y ánimo esforzado
contrastaba la furia sarracina,
no pudo contrastar al duro hado
o, por mejor decir, orden divina,
que ya el último término llegado,
de una furiosa flecha repentina
fue herido en el ojo en descubierto,
donde a poco de rato cayó muerto.



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