La araucana segunda parte: 160

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



Aunque fue grande el daño y sentimiento
de ver tal capitán así caído,
no por eso turbó el osado intento
del veneciano pueblo embravecido,
antes con más furor y encendimiento
a la venganza lícita movido,
hiere en los matadores de tal suerte
que fue recompensada bien su muerte.

En este tiempo andaba la pelea
bien reñida del lado y cuerno diestro,
donde el sagaz y astuto Iuan Andrea
se mostraba muy plático maestro;
también Héctor Espínola pelea
con uno y otro a diestro y a siniestro,
señalándose en medio de la furia
la experta y diestra gente de Liguria.

Bien dos horas y media y más había
que duraba el combate porfiado,
sin conocer en parte mejoría
ni haberse la vitoria declarado,
cuando el bravo don Iuan, que en saña ardía
casi quejoso del suspenso hado,
comenzó a mejorar sin duda alguna,
declarada del todo su fortuna.

En esto con gran ímpetu y ruïdo,
por el valor de la cristiana espada
el furor mahomético oprimido,
que la turca real del todo entrada,
do el estandarte bárbaro abatido,
la Cruz del Redentor fue enarbolada
con un triunfo solenne y grande gloria,
cantando abiertamente la vitoria.

Súbito un miedo helado discurriendo
por los míseros turcos, ya turbados,
les fue los brazos luego entorpeciendo
dejándolos sin fuerzas desmayados;
y las espadas y ánimos rindiendo,
a su fortuna mísera entregados,
dieron la entrada franca, como cuento,
al ímpetu enemigo y movimiento.



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