La araucana segunda parte: 162

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



Cuál con brazos, con hombros, rostro y pecho
el gran reflujo de las olas hiende;
cuál sin mirar a fondo y largo trecho,
no sabiendo nadar, allí lo aprende.
No hay parentesco, no hay amigo estrecho,
ni el mismo padre el caro hijo atiende,
que el miedo, de respetos enemigo,
jamás en el peligro tuvo amigo.

Así que del temor mismo esforzados
en la arenosa playa pie tomaron,
y por las peñas y árboles cerrados
a más correr huyendo se escaparon.
Deshechos, pues, del todo y destrozados
los miserables bárbaros quedaron,
habiendo fuerza a fuerza y mano a mano,
rendido el nombre de Austria al otomano.

Estaba yo con gran contento viendo
el próspero suceso prometido,
cuando en el globo el mágico hiriendo
con el potente junco retorcido
se fue el aire ofuscando y revolviendo,
y cesó de repente el gran ruido,
quedando en gran quietud la mar segura,
cubierto de una niebla y sombra escura.

Luego Fitón con plática sabrosa
me llevó por la sala paseando,
y sin dejar figura, cada cosa
me fue parte por parte declarando.
Mas teniendo temor que os sea enojosa
la relación prolija, iré dejando
todo aquello, aunque digno de memoria,
que no importa ni toca a nuestra historia.



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