La araucana segunda parte: 163

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CANTO XXIV
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La araucana segunda parte



Sólo diré que con muy gran contento
del mago y Guaticolo despedido,
aunque tarde, llegué a mi alojamiento,
donde ya me juzgaban por perdido.
Volviendo, pues, la pluma a nuestro cuento,
que en larga digresión me he divertido,
digo que allí estuvimos dos semanas
con falsas armas y esperanzas vanas.

Pero en resolución nunca supimos
de nuestros enemigos cautelosos
ni su designio y ánimo entendimos,
que nos tuvo suspensos y dudosos;
lo cual considerado, nos partimos
desmintiendo los pasos peligrosos
en su demanda, entrando por la tierra
con gana y fin de rematar la guerra.

Una tarde que el sol ya declinaba
arribamos a un valle muy poblado,
por donde un grande arroyo atravesaba,
de cultivadas lomas rodeado;
y en la más llana que a la entrada estaba,
por ser lugar y sitio acomodado,
la gente se alojó por escuadrones,
las tiendas levantando y pabellones.

Estaba el campo apenas alojado
cuando de entre unos árboles salía
un bizarro araucano bien armado,
buscando el pabellón de don García;
y a su presencia el bárbaro llegado,
sin muestra ni señal de cortesía
le comenzó a decir... Pero entre tanto
será bien rematar mi largo canto.