La araucana segunda parte: 167

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CANTO XXV
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La araucana segunda parte



Venida, pues, la noche, los soldados
en orden de batalla nos pusimos,
y a las derechas picas arrimados
contando las estrellas estuvimos,
del sueño y graves armas fatigados,
aunque crédito entero nunca dimos
al indio, por pensar que sólo vino
a tomar lengua y descubrir camino.

Ya la espaciosa noche declinando
trastornaba al ocaso sus estrellas,
y la aurora al oriente despuntando
deslustraba la luz de todas ellas,
las flores con su fresco humor rociando,
restituyendo en su color aquellas
que la tiniebla lóbrega importuna
las había reducido a sola una,

cuando con alto y súbito alarido
apareció por uno y otro lado,
en tres distantes partes dividido,
el ejército bárbaro ordenado.
Cada escuadrón de gente muy fornido,
que con gran muestra y paso apresurado
iba en igual orden, como cuento,
cercando nuestro estrecho alojamiento.

La gente de caballo, aparejada
sobre las riendas la enemiga espera;
mas antes que llegase, anticipada,
se arroja por una áspera ladera,
y al escuadrón siniestro encaminada
le acomete furiosa, de manera
que un terrapleno y muro poderoso
no resistiera el ímpetu furioso.

Pero Caupolicán, que gobernando
iba aquel escuadrón algo delante,
el paso hasta su gente retirando,
hizo calar las picas a un instante,
donde los pies y brazos afirmando
en las agudas puntas de diamante,
reciben el furor y encuentro estraño
haciendo en los primeros mucho daño.



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