La araucana segunda parte: 175

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CANTO XXV
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La araucana segunda parte



Echó por tierra la furiosa espada
del defensivo escudo una gran pieza,
bajando con rigor a la celada,
que defender no pudo la cabeza.
Hasta el casco caló la cuchillada,
quedando el mozo atónito una pieza,
pero en sí vuelto, viéndole tan junto,
le echó los fuertes brazos en un punto.

El bravo ginovés, que al fiero Marte
pensara desmembrar, recio le asía
pero salió engañado, que en este arte
ninguno al diestro joven le excedía.
Revuélvense por una y otra parte,
el uno el pie del otro rebatía,
intricando las piernas y rodillas
con diestras y engañosas zancadillas.

Don García de Mendoza no paraba,
antes como animoso y diligente
unas veces airado peleaba,
otras iba esforzando allí la gente.
Tampoco Juan Remón ocioso estaba,
que de soldado y capitán prudente
con igual diciplina y ejercicio
usaba en sus lugares el oficio.

Santillán y don Pedro de Navarra,
Ávalos, Viezma, Cáceres, Bastida,
Galdámez, don Francisco Ponce, Ybarra,
dando muerte, defienden bien su vida;
el fator Vega y contador Segarra
habían echado aparte una partida,
siguiéndolos Velázquez y Cabrera,
Verdugo, Ruyz, Riberos y Ribera.

Pasáronlo, pues, mal al otro lado
según la mucha gente que acudía,
si don Felipe, don Simón, y Prado,
don Francisco Arias, Pardo y Alegría,
Barrios, Diego de Lira, Coronado
y don Iuan de Pineda en compañía,
con valeroso esfuerzo combatiendo,
no fueran los contrarios reprimiendo.



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