La araucana segunda parte: 177

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CANTO XXV
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La araucana segunda parte



Estaba ya en el suelo una rodilla
que aun apenas así se sustentaba,
y la gente solícita, en cuadrilla
sin dejarle alentar le fatigaba,
cuando de la otra parte por la orilla
de la alta loma Tucapel llegaba,
haciendo con la usada y fuerte maza,
por dondequiera que iba larga plaza.

Como el toro feroz desjarretado
cuando brama, la lengua ya sacada,
que de la turbamulta rodeado
procura cada cual probar su espada,
y en esto de repente al otro lado
la cerviz yerta y frente levantada,
asoma otro famoso de Jarama,
que deshace la junta y la derrama,

así el famoso Rengo ya en el suelo
hincada una rodilla combatía
en medio del montón que sin recelo
poco a poco cerrándole venía,
cuando el sangriento y bravo Tucapelo
que por allí la grita le traía,
viéndole así tratar, sin poner duda,
rompe por el tropel a darle ayuda.

Dejó por tierra cuatro o seis tendidos,
que estrecha plaza y paso le dejaron,
y los otros en círculo esparcidos
del fatigado Rengo se arredraron,
y contra Tucapel embravecidos,
las armas y la grita enderezaron;
mas él daba de sí tan buen descargo,
que los hacía tener bien a lo largo.

Llegóse a Rengo y dijo: «Aunque enemigo,
esfuerza, esfuerza Rengo, y ten hoy fuerte,
que el impar Tucapel está contigo
y no puedes tener siniestra suerte;
que el favorable cielo y hado amigo
te tiene aparejada mejor muerte,
pues está cometida al brazo mío,
si cumples a su tiempo el desafío».



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