La araucana segunda parte: 184

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CANTO XXVI
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La araucana segunda parte



Pero la muerte allí difinidora
de la cruda batalla porfiada,
ayudando a la parte vencedora
remató la contienda y gran jornada;
que la gente araucana en poca de hora
en aquel sitio estrecho destrozada,
quiso rendir al hierro antes la vida,
que al odioso español quedar rendida.

Tendidos por el campo amontonados
los indómitos bárbaros quedaron,
y los demás con pasos ordenados,
como ya dije atrás, se retiraron;
de manera que ya nuestros soldados,
recogiendo el despojo que hallaron
y un número copioso de prisiones
volvieron a su asiento y pabellones.

Fueron entre estos presos escogidos
doce, los más dispuestos y valientes,
que en las nobles insignias y vestidos
mostraban ser personas preeminentes;
éstos fueron allí constituidos
para amenaza y miedo de las gentes,
quedando por ejemplo y escarmiento
colgados de los árboles al viento.

Yo a la sazón al señalar llegando,
de la cruda sentencia condolido,
salvar quise uno dellos, alegando
haberse a nuestro ejército venido;
mas él luego los brazos levantando
que debajo del peto había escondido,
mostró en alto la falta de las manos
por los cortados troncos aún no sanos.

Era, pues, Galbarino este que cuento,
de quien el canto atrás os dio noticia,
que porque fuese ejemplo y escarmiento
le cortaron las manos por justicia,
el cual con el usado atrevimiento,
mostrando la encubierta inimicicia,
sin respeto ni miedo de la muerte habló,
mirando a todos, desta suerte:



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