La araucana segunda parte: 185

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXVI
Pág. 185 de 229
La araucana segunda parte



«¡Oh gentes fementidas, detestables,
indignas de la gloria deste día!
Hartad vuestras gargantas insaciables
en esta aborrecida sangre mía.
Que aunque los fieros hados variables,
trastornen la araucana monarquía,
muertos podremos ser, mas no vencidos,
ni los ánimos libres oprimidos.

No penséis que la muerte rehusamos,
que en ella estriba ya nuestra esperanza;
que si la odiosa vida dilatamos
es por hacer mayor nuestra venganza.
Que cuando el justo fin no consigamos
tenemos en la espada confianza
que os quitará, en nosotros convertida,
la gloria de poder darnos la vida.

Sús, pues, ya ¿qué esperáis o qué os detiene
de no me dar mi premio y justo pago?
La muerte y no la vida me conviene,
pues con ella a mi deuda satisfago;
pero si algún disgusto y pena tiene
este importante y deseado trago,
es no veros primero hechos pedazos
con estos dientes y troncados brazos».

De tal manera el bárbaro esforzado,
la muerte en alta voz solicitaba
de la infelice vida ya cansado,
que largo espacio a su pesar duraba;
y en el gentil propósito obstinado
diciéndonos injurias, procuraba
un fin honroso de una honrosa espada
y rematar la mísera jornada.

Yo, que estaba a par dél, considerando
el propósito firme y osadía,
me opuse contra algunos, procurando
dar la vida a quien ya la aborrecía;
pero al fin los ministros, porfiando
que a la salud de todos convenía,
forzado me aparté y él fue llevado
a ser con los caciques justiciado.



<<<
>>>