La araucana segunda parte: 190

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CANTO XXVI
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La araucana segunda parte



No produce natura tantas flores
cuando más rica primavera envía
ni tantas variedades de colores
como en aquel jardín vicioso había;
los frescos y suavísimos olores,
las aves y su acorde melodía
dejaban las potencias y sentidos
de un ajeno descuido poseídos.

De mi fin y camino me olvidara,
según suspenso estuve una gran pieza,
si el anciano Fitón no me llamara
haciéndome señal con la cabeza.
Metióme por la mano en una clara
bóveda de alabastro, que a la pieza
del milagroso globo respondía,
adonde ya otra vez estado había.

Quisiera ver la bola, mas no osaba
sin licencia del mago avecinarme,
mas él, que mis deseos penetraba,
teniendo voluntad de contentarme,
asido por la mano me acercaba,
y comenzando él mesmo a señalarme,
el mundo me mostró, como si fuera
en su forma real y verdadera.

Pero para decir por orden cuanto
vi dentro de la gran poma lucida,
es, cierto, menester un nuevo canto
y tener la memoria recogida.
Así, Señor, os ruego que entretanto
que refuerzo la voz enflaquecida,
perdonéis si lo dejo en este punto,
que no puedo deciros tanto junto.