La araucana segunda parte: 192

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CANTO XXVII
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La araucana segunda parte



El mágico me dijo: «Pues en este
lugar nadie nos turba ni embaraza,
sin que un mínimo punto oculto reste
verás del universo la gran traza:
lo que hay del norte al sur, del leste al oeste,
y cuanto ciñe el mar y el aire abraza,
ríos, montes, lagunas, mares, tierras
famosas por natura y por las guerras.

Mira al principio de Asia a Calcedonia
junto al Bósforo enfrente de la Tracia;
a Lidia, Caria, Licia y Licaonia,
a Panfilia, Bitinia y a Galacia;
y junto al Ponto Euxino a Paflagonia;
la llana Capadocia y la Farnacia
y la corriente de Éufrates famoso,
que entra en el mar de Persia caudaloso.

Mira la Syria, vees allá la indina
tierra de promisión de Dios privada,
y a Nazarén dichosa en Palestina,
do a María Gabriel dio la embajada.
Vees las sacras reliquias y ruina
de la ciudad por Tito desolada,
do el Autor de la vida escarnecido
a vergonzosa muerte fue traído.

Mira el tendido mar Mediterrano
que la Europa del África separa,
y el mar Bermejo en punta a la otra mano,
que abrió Moisén sus aguas con la vara;
mira el golfo de Ormuz y mar Persiano,
y aunque a partes la tierra no está clara,
verás hacia la banda descubierta,
las dos Arabias, Félix y Desierta.

Mira a Persia y Carmania, que confina
con Susiana al lado del poniente,
donde el forjado acero se fulmina
de pasta y temple fino y excelente,
Drangiana y Gedrosía, que camina
hasta el mar de India y ferias del Oriente
y adelante siguiendo aquella vía
verás la calurosa Aracosía.



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