La araucana segunda parte: 194

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CANTO XXVII
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La araucana segunda parte



Mira la Asiria y su ciudad famosa,
donde la confusión de lenguas vino,
que sus muros, labor maravillosa,
hizo Semiramís, madre de Nino:
donde la acelerada y presurosa
muerte a Alexandre le salió al camino,
cortándole en su próspera corrida
el hilo de los hados y la vida.

Mira en África, el sur, los estendidos
reinos del Preste Juan, donde parece
que entre los más insignes y escogidos
Sceva en sus edificios resplandece.
Tres frutos da en el año repartidos,
y tres veces se agosta y reverdece;
tiene en veinte y dos grados su postura
al antártico polo por la altura.

Vees a Gogia y sus montes levantados,
que a todos sobrepujan en grandeza,
canos siempre de nieve los collados
y abajo peñascales y aspereza,
que forman un gran muelle, rodeados
de breñales espesos y maleza,
morada de osos, puercos y leones,
tigres, panteras, grifos y dragones.

Destos peñascos ásperos pendientes,
llamados hoy el monte de la Luna,
nacen del Nilo las famosas fuentes,
y dellos ríos sin nombre y fama alguna,
que aunque tuercen y apartan sus corrientes
se vienen a juntar a una laguna
tan grande, que sus senos y laderas
baten de tres provincias las riberas:

a Gogia y Beguemedros al oriente,
y a Dambaya al poniente; del cual lado
hay islas donde habita varia gente
y todo el ancho círculo es poblado.
De aquí el famoso Nilo mansamente
nace, y después más grande y reforzado
parte a Gogia de Amara y va tendido
sin ser de las riberas restringido



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