La araucana segunda parte: 202

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CANTO XXVII
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La araucana segunda parte



Mas aunque quiera yo de parte mía
dejarte más contento y satisfecho,
ha mucho rato que declina el día
y tienes hasta el sitio largo trecho».
Así, haciéndome el mago compañía
me trujo hasta ponerme en el derecho
camino, do encontré luego mi gente,
que me andaba a buscar confusamente.

Llegamos al asiento en punto cuando
entraban a la guardia los amigos,
donde gastamos tiempo, procurando
reducir a la paz los enemigos
unas veces por bien, acariciando;
otras por amenazas y castigos,
haciendo sin parar corredurías,
por los vecinos pueblos y alquerías.

Mas no bastando diligencia en esto
ni las promesas, medios y partidos,
que en su protervo intento y presupuesto
estaban siempre más endurecidos.
Vista, pues, la importancia de aquel puesto
por estar en la tierra más metidos,
con maduro consejo fue acordado
sustentar el lugar fortificado.

Y proveyendo al esperado daño
de algunos bastimentos que faltaban,
que aunque era fértil y abundante el año,
los campos en cogollo y berza estaban,
don Miguel de Velasco y Avendaño
con los que más a punto se hallaban,
haciéndoles yo escolta y compañía,
tomamos de Cautén la recta vía.



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