La araucana segunda parte: 205

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CANTO XXVIII
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La araucana segunda parte



Yo, queriendo saber a qué venía
sola por aquel bosque y aspereza,
con más seguridad que prometía
su bello rostro y rara gentileza,
la aseguré del miedo que traía;
la cual, dando un sospiro que a terneza
al más rebelde corazón moviera,
comenzó su razón en tal manera:

«No sé si ya me queje desdichada
o agradezca a los hados y a mi suerte,
que me abren puerta y que me dan entrada
para que pueda recebir la muerte;
pero si ya la historia desastrada,
quieres saber y mi dolor, tan fuerte
que aun le agravia mi poco sentimiento,
te ruego que al proceso estés atento.

Mi nombre es Glaura, en fuerte hora nacida,
hija del buen cacique Quilacura,
de la sangre de Friso esclarecida,
rica de hacienda, pobre de ventura;
respetada de muchos y servida
por mi linaje y vana hermosura
mas, ¡ay de mí!, ¡cuánto mejor me fuera
ser una simple y pobre ganadera!

En casa de mi padre a mi contento,
como única heredera yo vivía,
que su felicidad y pensamiento,
en sólo darme gusto lo ponía.
Mi voluntad en todo y mandamiento
como inviolable ley se obedecía,
no habiendo de contento y gusto cosa
que fuese para mí dificultosa.

Mas presto el invidioso amor tirano,
turbador del sosiego, adredemente
trujo a mi tierra y casa a Fresolano,
mozo de fuerzas y ánimo valiente,
de mi infelice padre primo hermano
y mucho más amigo que pariente,
a quien la voluntad tenía rendida,
no habiendo entre los dos cosa partida.



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