La araucana segunda parte: 208

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CANTO XXVIII
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La araucana segunda parte



Llegó mi padre en esto al gran ruido,
sólo armado de esfuerzo y confianza
mas luego en el costado fue herido
de una furiosa y atrevida lanza;
cayó el cuerpo mortal descolorido
y vista mi fortuna y malandanza,
por el postigo de una falsa puerta
salí a mi parecer, más que ellos muerta.

«Acá y allá turbada al fin por una
montaña comencé luego a emboscarme,
dejándome llevar de mi fortuna
que siempre me ha guiado a despeñarme;
así que, ya sin tino y senda alguna
procuraba, ¡cuitada!, de alejarme,
que con el gran temor me parecía
que yendo a más correr, no me movía.

Mas como suele acontecer contino,
que huyendo el peligro y mal presente
se suele ir a parar en un camino
que nos coge y anega la creciente,
así a mí, desdichada, pues, me avino
que por salvar la vida impertinente,
de un mal en otro mal, de lance en lance
vine a mayor peligro y mayor trance.

Iba, pues, siempre mísera corriendo
por espinas, por zarzas, por abrojos,
aquí y allí y acá y allá volviendo
a cada paso los atentos ojos,
cuando por unos árboles saliendo
vi dos negros cargados de despojos,
que luego en el instante que me vieron
a la mísera presa arremetieron.

Fui dellos prestamente despojada
de todo cuanto allí venía vestida,
aunque yo triste no estimaba en nada
el perder los vestidos y la vida;
pero el honor y castidad preciada
estuvo a punto ya de ser perdida,
mas mis voces y quejas fueron tantas
que a lástima y piedad movía las plantas.



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